diseño de tarjetas corporativas de Minimizán vista anverso y reverso

Nuestras nuevas tarjetas

Curiosidades y un poquito de historia

Antes de decidir si os parecen “bonitas” o no, queremos contaros la línea argumentativa de nuestras recién estrenadas tarjetas de visita. Como sabéis, resulta hueco diseñar cualquier cosa sin un porqué, así que hemos dado sentido a este diseño fundiendo conceptos relacionados con nuestras dos ramas de ocupación y profesión: Diseño Gráfico y Diseño Web. Este caso real nos viene de perlas para mostraros cómo hacemos funcionar un proceso creativo.

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En cuanto a nuestra parte gráfica, nada nos representa mejor que nuestro logo, él conoce bien el esfuerzo que requiere tomar las decisiones oportunas hasta eliminar lo que sobra. El resultado es una imagen práctica, consistente y bendecida por la claridad de la sencillez.

Y para reflejar nuestra parte web, nos hemos inspirado en un concepto que siempre nos ha resultado fascinante y que constituye uno de los capítulos de la historia de los lenguajes de programación. Si viajamos hasta el siglo pasado y nos detenemos en las décadas de los 60, 70 y principios de los 80, descubrimos que el modo de introducir los programas y los datos en muchas de las primeras computadoras se realizaba mediante tarjetas perforadas.

Datos cifrados y agujeros

Las tarjetas perforadas eran unas láminas rectangulares con una combinación de agujeros cuya lectura permitía ingresar datos e instrucciones en los ordenadores. Es decir, un código binario elemental responsable de codificar la información.

Parte inferior: tarjeta perforada de Remington Rand, con agujeros redondos. Parte superior: tarjeta perforada de IBM, con agujeros rectangulares. Foto: Marcin Wichary

Este método de las tarjetas perforadas tiene su origen más inmediato con Herman Hollerith, quien a finales del XIX automatizó el procesamiento del censo en los Estados Unidos; pero no debemos pasar por alto la herencia previa de los descubrimientos del ingeniero inglés Charles Babbage y, especialmente, de Joseph Marie Jacquard, comerciante francés considerado el padre del invento y al que se le reconoce la primera aplicación conocida de las tarjetas perforadas cuando, a principios del mismo siglo, las empleó en sus telares.

Más tarde, IBM desarrolló la tecnología de la tarjeta perforada como una herramienta poderosa para el procesamiento de datos empresariales. En el año 1950, las tarjetas y las máquinas de registro de IBM ya se habían vuelto indispensables para la industria y el gobierno.

Telar de alfombra con patrones Jacquard para tejer con control de tarjeta perforada. Entorno a 1860. Foto: Deutsches Museum.

Tarjeta perforada de un Decap Dancing Orgel, Museo Técnico en Speyer, Alemania. Foto: Stefan Kühn.

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Bueno, lógicamente no hemos seguido estos códigos al pie de la letra –o al pie del agujero–, pero sí dejamos patente en nuestras tarjetas de visita ese guiño al diseño, a los orígenes y a la memoria evolutiva de los procesos de programación que sentaron las bases de lo que hoy forma parte de nuestra cotidianidad.

 

Gracias por leernos tan atentamente,
Amaya y Sergio – Minimizán